Por Cristina Solano
Por Cristina Solano
Las sesiones de lectoescritura nos permiten recuperar estas funciones del lenguaje que se nos perdieron cuando sufrimos el daño cerebral, y por este motivo son tan importantes.
A nivel personal, en esta faceta yo tuve suerte, porque no se me vieron afectadas prácticamente en nada. Desde el primer momento las tuve preservadas, de hecho, cuando después de dos meses en coma debido a mi ictus empecé a recuperarme, lo primero que hice fue pedir papel y bolígrafo, y escribí “gracias”, para los sanitarios que me habían devuelto a la vida. Tengo una copia de ese papel pegado en la puerta de mi dormitorio, mi marido lo considera como “la mejor prueba de mi vuelta a la vida, a la esencia de mi personalidad”.
Para una periodista de profesión y de vocación como yo, las sesiones de lectoescritura son mis favoritas porque, Itziar, nuestra logopeda y una gran joya, aquí en Adacen nos hace juegos de palabras, que a mí me parecen muy divertidos y que nos obligan a esforzarnos y desarrollar el lenguaje para recuperarnos en este ámbito. Otros compañeros practican la grafía.
Yo he tenido que aprender a leer más lentamente porque me embalaba, hasta el punto de que pocos entendían lo que estaba diciendo, y a la par hemos trabajado la comprensión lectora.
Vengo a sesión de logopedia hasta cuando no me toca, hay días que hago doblete. Me encantan. También hemos enviado alguna que otra carta de opinión a los periódicos y a la página web de nuestra asociación, siempre con el ánimo de concienciar sobre la discapacidad y el daño cerebral adquirido con los que convivimos todos los días.
Escribir era una parte fundamental de mi vida y lo sigue siendo. Es mi esencia, poner palabras a la vida
