Por Cristina Solano
La vida social es fundamental en todas las personas, y en las que hemos sufrido un daño cerebral, cobra una importancia vital.
En este sentido yo soy muy afortunada, porque tengo una cuadrilla que se puede definir como MARAVILLOSA. Desde que sufrí el ictus, todas y cada una de mis amigas se han volcado en mí, en venir a verme y en apoyarme en lo que he necesitado.
Gracias, desde aquí, chicas.
Salir de la rutina de la semana y tomar algo con los amigos da la vida, porque son momentos en los que apartas la rutina y el estrés de la semana, las obligaciones familiares y laborales del día a día, y hasta tu discapacidad.
Mi ictus, como el de todos, supuso un profundo aprendizaje para todo mi entorno, y en mi cuadrilla decidimos que teníamos que vernos más, así que hace ya unos años acordamos que el primer viernes de cada mes lo íbamos a reservar para nosotras, yéndonos de cena. Mis hijos enseguida lo bautizaron como “viernes de chicas”. Desde entonces no hemos fallado ni uno, tenemos la excusa perfecta para reírnos, desconectar, abrazarnos y querernos mucho… como hemos hecho toda la vida.
Puedo asegurar que estos momentazos, al igual que la rehabilitación o el gimnasio, son medicina, curan, e invito a todas las personas que han pasado por un daño cerebral a que sigan disfrutando de sus cuadrillas
En este sentido yo soy muy afortunada, porque tengo una cuadrilla que se puede definir como MARAVILLOSA. Desde que sufrí el ictus, todas y cada una de mis amigas se han volcado en mí, en venir a verme y en apoyarme en lo que he necesitado.
Gracias, desde aquí, chicas.
Salir de la rutina de la semana y tomar algo con los amigos da la vida, porque son momentos en los que apartas la rutina y el estrés de la semana, las obligaciones familiares y laborales del día a día, y hasta tu discapacidad.
Mi ictus, como el de todos, supuso un profundo aprendizaje para todo mi entorno, y en mi cuadrilla decidimos que teníamos que vernos más, así que hace ya unos años acordamos que el primer viernes de cada mes lo íbamos a reservar para nosotras, yéndonos de cena. Mis hijos enseguida lo bautizaron como “viernes de chicas”. Desde entonces no hemos fallado ni uno, tenemos la excusa perfecta para reírnos, desconectar, abrazarnos y querernos mucho… como hemos hecho toda la vida.
Puedo asegurar que estos momentazos, al igual que la rehabilitación o el gimnasio, son medicina, curan, e invito a todas las personas que han pasado por un daño cerebral a que sigan disfrutando de sus cuadrillas
¡Que nunca nos falten los buenos ratos con los amigos!
