Entrevista realizada por Cristina Solano
¿Cómo les ha afectado a sus hijos su daño cerebral?
Con mis hijos ha habido un acercamiento, porque antes sabían que tenían un padre por alguna foto, ya que desde las seis de la mañana hasta las diez de la noche estaba trabajando, tenía dedicación exclusiva a mi trabajo. Tenía que buscar la nómina para 150 trabajadores y, me cebé tanto con mi trabajo, que olvidé que tenía familia. Me ocupaba de mis hijos en la medida que podía, pero desde que tuve el daño cerebral, los he tenido mucho más cerca.
La que ha estado todo el tiempo ayudándome ha sido mi pareja, que tiene 76 cielos ganados, ella sí que lo ha hecho todo para mí, se casó conmigo estando ya mal y cada día lo da todo para que yo esté bien.
¿Cómo lo han vivido sus hijos más pequeños?
Mis hijos tenían 20 y 22 años. El chico ya llevaba unos años que me lo había llevado a trabajar conmigo. Les quité de la cabeza enseguida el que me tratasen con pena. Y me vieron que yo tiraba para adelante como un luchador, no quería ser un “pobre impedido”, lo he peleado mucho.
¿Entienden su nueva situación y se han adaptado a ella?
Mis hijos ahora lo entienden todo
¿Sigue desarrollando con normalidad su rol de padre a pesar del DCA?
Intento, no sé si lo hago bien o mal, he podido educar a mis hijos conforme a lo que yo pensaba, he intentado ayudar y encauzarlos en las cosas que están bien hechas. Me dicen a veces que se acuerdan de que yo les decía que me importaba la carrera, pero que me importaba mucho más que fuesen buenas personas. Eso es para mí mucho más importante que la carrera.
¿Cuáles son las principales dificultades que se ha encontrado?
El cambio a nivel económico y no poder ayudar a mis hijos en los másteres y en los estudios superiores que quisieron hacer, o tener que privarles de otros caprichos que hasta ese momento les había dado.
¿De qué se siente orgulloso de haber conseguido, a pesar de las dificultades?
De tener cojones para saber vivir con lo que tenemos, pero muchos cojones. Me tuvieron que enseñar a hablar otra vez, no me podía levantar de la silla, y ahora resulta que puedo hacer todo eso.
Pues ahora no callas (risas). No dejas que esta situación pueda contigo, le das la vuelta todo el rato. Muchas gracias porque después de oírte dan ganas de luchar.
