Por Luis y Amaia sobre su participación en el desfile del Nafarroa Oinez en Viana
Hay días que se quedan enganchados en la memoria, como si no quisieran soltarte. Viana fue uno de
esos días.
No fue solo un evento. Fue algo más silencioso. Como cuando el aire cambia y no sabes por qué, pero lo
notas.
Desde ADACEN nos llevaron hasta allí, a la presentación del Nafarroa Oinez 2026. Y el pueblo estaba
vivo, pero sin prisa. Había nervios, sí. Pero también una calma rara, de esas que no se explican.
Yo soy Luis, persona usuaria de la residencia de ADACEN. Y a veces pienso que no sé ordenar lo que
siento. Este día tampoco fue fácil de poner en palabras.
Pero lo intento así: hubo luz. Pequeña, pero constante. De esas que no hacen ruido, pero se quedan.
Sentí que formábamos parte de algo. No desde fuera. Dentro.
Gracias a la organización del Oinez por no dejarnos al margen. Por mirarnos como se mira a alguien
que ya está dentro.
Los voluntarios, la monitora, el pueblo de Viana… todo se movía con una sencillez extraña, como si las
cosas importantes no necesitaran explicarse demasiado.
Y eso se queda.
Se queda la sensación de haber estado en un lugar donde todo encajaba un poco mejor por unas
horas.
Estas actividades me hacen sonreír más. No siempre sé por qué. Solo lo noto. Como un gesto pequeño
dentro del día.
Y quizá eso es lo importante.
Hay días que no hacen ruido cuando llegan… pero tampoco cuando se van.
Gracias por esta labor. De verdad.
