LA REHABILITACIÓN TRAS UN DAÑO CEREBRAL.

El proceso rehabilitador comienza desde el momento de la aparición de la lesión. Pensar en daño cerebral es pensar en rehabilitación. La rehabilitación integra el conjunto de estrategias de intervención que tienen como objetivo reducir las alteraciones físicas, cognitivas, conductuales y funcionales que la persona tiene tras la lesión para minimizar el impacto en su vida cotidiana.

El término rehabilitación implica el trabajo hacia el restablecimiento de la situación de los pacientes al grado de funcionamiento más alto posible en el ámbito físico, psicológico y de adaptación social. Esto requiere poner todos los medios posibles para reducir el impacto de las condiciones que son discapacitantes, para permitir al paciente alcanzar su máximo nivel óptimo de integración social (OMS, 2001).
Existe un consenso unánime en que el inicio de la intervención debe ser precoz, para optimizar el proceso inicial de recuperación espontánea y aumentar la posibilidad de recuperación final. Asimismo, los estudios demuestran que debe ser un tratamiento intensivo (máxima intensidad que el paciente puede tolerar y que esté dispuesto a seguir) y prolongado (que la duración del tratamiento en el tiempo sea suficiente para ser efectivo).

El proceso rehabilitador debe garantizar la continuidad y coordinación asistencial. La rehabilitación es un continuo. Son diferentes etapas por las que pasa la persona y la familia, y debemos trabajar por garantizar un funcionamiento coordinado, desde los servicios sanitarios hasta la etapa de reinserción social. Existen varias fases por las que va a pasar la persona que ha sufrido la lesión y su entorno más próximo, cada una de estas fases tiene importantes objetivos.

Fase crítica.
La mayoría de personas que sufren un daño cerebral son atendidas en servicios de urgencia, en unidades de cuidados intensivos, neurocirugía… Es una fase de importarte riesgo vital. El objetivo fundamental es la estabilización médica y prevención de complicaciones.

Fase aguda.
El proceso de recuperación tras un traumatismo o un ictus, conlleva pérdida de conciencia seguido de un periodo de confusión, con un retorno gradual de las diversas funciones. Esta es la fase se identifica con el momento más próximo a la lesión.

Fase subaguda o rehabilitadora.
Etapa de tratamiento intensivo donde la persona se encuentra estabilizada y es trasladada a la unidad de neurorehabilitación en régimen de hospitalización. Además de los cuidados médicos y enfermería, se inicia la rehabilitación intensiva.
Lo más beneficioso es continuar la recuperación en una unidad de rehabilitación especializada. El objetivo fundamental es procurar el máximo nivel de autonomía y máximo grado de estabilización médica para seguir la rehabilitación de manera ambulatoria. La vuelta al domicilio después haber sufrido la lesión, es un momento muy importante tanto para la persona afectada como para la familia, donde deben enfrentarse a la nueva realidad con el daño cerebral en casa.

Por último se produce la estabilización, y en muchos casos la necesidad de apoyo a largo plazo tras el tratamiento intensivo de rehabilitación. Hay casos los que algunas personas no llegan a alcanzar una recuperación completa, requiriendo ayuda activa de manera indefinida. Si persisten secuelas que plantean dificultades de integración social se puede acudir a recursos sociosanitarios (centros de día, pisos funcionales…). Incluso en la etapa crónica la rehabilitación puede aportar mejoras en movilidad, comunicación o actividades de la vida diaria.

Es importante destacar que las personas tras el daño cerebral tienen necesidades específicas en cada fase de recuperación. En determinados casos aparece deterioro funcional, por depresión, caídas, espasticidad, que puede requerir de la atención puntual del médico rehabilitador para volver al nivel de funcionamiento previo. En la fase crónica, aunque las secuelas se han estabilizado, puede ser necesario su apoyo para evaluar necesidades a largo plazo.

Los profesionales que atendemos al DCA, debemos prestar atención a los momentos de transición entre estas fases. Son momentos críticos y delicados, donde la persona y la familia tienen perciben desorientación y discontinuidad en la atención recibida. Por lo que se debe garantizar la continuidad asistencial.

La recuperación tras un DCA es compleja y depende de múltiples factores entre los que destacan las diferencias individuales (edad, nivel intelectual, motivación…), factores relacionados con la lesión (tipo, gravedad, localización, evolución…) y el entorno de la persona afectada (motivación, ayudas, barreras socioeconómicas…).

En esta intervención participan profesionales de diversas disciplinas, teniendo mayor o menor presencia en función de cada etapa (por ejemplo al inicio cobra importancia el neurocirujano o neurólogo, y en la rehabilitación más intensiva el logopeda o neuropsicólogo). Las diferentes secuelas no pueden ser abordadas de manera aislada, sino con la coordinación de los diferentes profesionales implicados. Por tanto, la rehabilitación del daño cerebral debe estar a cargo de equipos interdisciplinares donde diferentes profesionales trabajan conjuntamente un objetivo común, para que el tratamiento sea funcional y no exclusivamente centrado en la especificidad de cada especialidad. Este equipo se compone fundamentalmente de: medico rehabilitador, fisioterapeuta, neuropsicólogo, neuropsiquitra, logopeda, terapeuta ocupacional y trabajador social.
Así mismo se requerirán otros especialistas: neurocirujano, neurólogo, optometrista, urólogo, técnico ortoprotésico o enfermería.

El proceso rehabilitador requiere del equipo interdisciplicar una metodología de trabajo caracterizada por:
– Evaluación diagnóstica para conocer las necesidades asistenciales, de estado funcional y psicológico, nivel de dependencia y valoración del entorno familiar.
– Definición de objetivos a desarrollar en el plan terapéutico individual, en cada área, y realistas y relevantes para el paciente y la familia.
– Realizar las intervenciones y tratamientos necesarios.
– Seguimiento y evaluaciones periódicas del plan terapéutico y los objetivos. Registro de los cambios que se produzcan.
– Reiniciar este ciclo del proceso rehabilitador, adaptándolo a la evolución de la persona y su entorno.

Además la rehabilitación integrará otros principios. Debe ser individualizada; para el desarrollo de las capacidades de cada persona, ajustada a su evaluación interdisciplinar, sus características, intereses, capacidades y motivaciones para diseñar su plan de atención individual. Ser una intervención integral, coordinada y holística dando respuesta a las necesidades personales globalmente desde un enfoque biopsicosocial. Y finalmente potenciar la integración en la sociedad a través del trabajo de las capacidades.

Para finalizar, la atención al DCA es una realidad sociosanitaria, que requiere la actuación conjunta de medios sanitarios y sociales. Con el objetivo global, no sólo de que la persona recupere funciones sino que retome sus actividades cotidianas. De este modo, se trabajará por la reconstrucción del proyecto vital de la persona y el reestablecimiento de su ciclo vital personal y familiar.

Escrito por:

En octubre de 1994 se constituye la Asociación de Daño Cerebral de Navarra, ADACEN, organización sin ánimo de lucro fundada por familiares y afectados de daño cerebral. Su objetivo es informar y sensibilizar a la sociedad y a las instituciones de los problemas y necesidades que este colectivo presenta.

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