EL RETO DEL ENVEJECIMIENTO

Reproducimos en esta sección el artículo de Francisco Fernández. Director de Adacen publicado en Diario de Navarra y Noticias de Navarra.

El Instituto Nacional de Estadística ha hecho públicas las últimas proyecciones demográficas que nos muestran dos tendencias significativas: el envejecimiento progresivo de la población y el incremento de los hogares unipersonales. Así, en el año 2.031 una de cada cuatro personas tendrá más de 65 años, para representar más de un tercio en la segunda mitad de este siglo. Desde otra perspectivas, sobresale el mayor crecimiento de hogares que de la población, destacando en concreto el incremento de los hogares unipersonales de personas mayores de 65 y de 80 años. Sorprende por tanto la ausencia de debate público y político en esta materia.

El envejecimiento es claramente uno de los retos más importantes, y a la vez una oportunidad que afectará a todos los sectores de nuestra economía y tendrá un impacto transversal en nuestro modelo de sociedad, en las empresas, en nuestra cultura y valores. Se plantearán necesidades que no se están afrontando en el diseño de las futuras ciudades inteligentes, la accesibilidad universal, el desarrollo de un espacio sociosanitario realmente inclusivo… Pero los retos van mucho más allá ya que surgirán otras necesidades financieras a nivel personal y de sostenibilidad de los servicios públicos.

Los ciudadanos perciben que el reto del envejecimiento representa un desafío que afectará a sus vidas. Por citar un ejemplo, esta cuestión se ha convertido en el tema del primer Premio Horizon de Innovación Social de la Comisión Europea, al recibir el mayor apoyo en una votación abierta. Desafortunadamente estamos a otras cosas, pasando por encima de cuestiones que necesitan un consenso unánime, y que precisan planes ambiciosos que superen no ya el horizonte de la legislatura sino incluso el de los próximos diez años.

Existen algunos ejes a desarrollar. En primer lugar la integración efectiva de los sectores de la salud y los servicios sociales en un único sistema, reconocido el valor y papel de las entidades sin ánimo de lucro, las cuales han adquirido a lo largo de los años un importante protagonismo en la provisión de apoyos. No debemos olvidar que la falta de recursos en las políticas sociales, fundamentalmente en aquellas que buscan promocionar la autonomía, tiene implicaciones directas en el incremento de costes en el sistema sanitario. Se producen de este modo situaciones en la que las respuestas sanitarias y sociales no están alineadas con las necesidades de apoyos de las personas mayores y/o con discapacidad cuando muestran síntomas de fragilidad o se encuentran ya en situaciones claras de pérdida de autonomía. Pero la fragilidad no aparece de un día para otro sino que se desarrolla a lo largo de diez o quince años, por lo que se hace necesario prever las demandas que tendremos de aquí a un decenio.

Otra necesidad es reconocer la heterogeneidad de las personas mayores. Son y serán un grupo diverso con importantes diferencias en valores, condiciones de vida, salud, etc., siendo la diferencia entre la tercera (65-79 años) y cuarta edad (80 y más años), donde radica uno de los puntos a tener en cuenta en el diseño de las políticas. La cuarta edad es el segmento de la población de más rápido crecimiento, doblándose esta población cada veinte años, lo cual tendrá consecuencias considerables al aumentar la necesidad de asistencia con la edad.

Es necesario también establecer programas para cuidadoras informales. Con ello se desarrollarían soluciones “dos en uno”. Existe además el riesgo de que las personas de mediana edad que asumen los cuidados de sus familiares puedan tener que abandonar el mercado laboral, con la inseguridad financiera que esta situación pueda generarles a futuro. Las cuidadoras asumen el papel de gestionar las relaciones con el sistema social y de salud, y actúan como “el abogado” de la persona con discapacidad, papel que deben seguir asumiendo incluso aunque su familiar se encuentre en una residencia. En este sentido hay tres acciones que podrían ser implementadas: programas de respiro, apoyos para compatibilizar la labor de cuidado con el trabajo remunerado, y asistencia regular a estas personas tanto en el plano físico como emocional.

Finalmente, otro eje a abordar sería desarrollar experiencias piloto que puedan ser escalables y replicables. Apoyar experiencias de atención en régimen ambulatorio con una perspectiva a largo plazo, que mejoren la calidad de vida de las personas mayores al promover su permanencia en el domicilio. En esta línea desde Adacen estamos desarrollando el programa piloto “Envejeciendo Juntos” en el barrio de Azpilagaña, que quiere proporcionar una atención personalizada, cercana y flexible.

En definitiva, el envejecimiento puede suponer un desastre o una oportunidad, dependiendo de cómo nos preparemos para ello. Carecemos de modelos ya que este fenómeno no se ha experimentado suficientemente en ningún país. Precisamente por eso hay que actuar con premura y reservar fuerzas para el futuro, lo que no podemos permitirnos es aplazar la resolución de estos problemas.

Francisco Fernández Nistal. Director de Adacen.

Escrito por:

En octubre de 1994 se constituye la Asociación de Daño Cerebral de Navarra, ADACEN, organización sin ánimo de lucro fundada por familiares y afectados de daño cerebral. Su objetivo es informar y sensibilizar a la sociedad y a las instituciones de los problemas y necesidades que este colectivo presenta.

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